En cuanto terminé la secundaria tomé la que, en ese momento, era considerada como una descomunal metida de pata.
Viniendo de una familia de profesionales. Gozando de una posición económica relativamente cómoda. Teniendo al alcance de la mano la seguridad laboral que me brindaban tanto los negocios como los contactos familiares, quien les habla decidió hacer caso omiso de ese llamado de la lógica.
Viéndolo hoy a la distancia, no puedo negar que todas esas comodidades y seguridades me brindaban ese colchón emocional que necesitaba para tomar tal decisión.
Hoy por hoy es una decisión muy común entre la gente, pero en ese entonces, en que la mayoría volvía después de años en el exilio, a mi se me ocurrió ir a probar suerte. Salir a conocer el mundo y sus secretos.
Destino: Miami.
Ya se. A mi también me pareció una cagada. Seguramente por eso fue que sólo duré lo suficiente allí como para hacerme de unos dólares y poder partir rumbo a New York.
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Lidiar todos los días con los problemas, los traumas, los miedos, prejuicios, dificultades, deseos, traiciones y -por qué no decirlo- idioteces de otros puede ser realmente muy estresante.
Ya lo es cuando uno sólo pone el oído o la buena voluntad para dar un consejo al otro, pero cuando uno debe, además, poner en práctica años de estudio, de lectura, de análisis la cuestión tiende a complicarse.
No es que sea imposible, ni mucho menos, pero representa un verdadero desafío lograr compartimentar esa parte de uno.
Porque no es posible brindar la atención y ayuda mínimas a un paciente, si uno no sabe de su vida. Uno no puede recurrir a su libreta de anotaciones antes de la sesión para refrescarse la mente.
Uno tiene que convivir -en cierta manera- con todos lo pacientes. Siempre los tiene presentes. A ellos y a sus problemas.
Lograr meter toda esa información, manteniéndola activa, asequible, pero a la vez restringida a un sector de uno, a fin de que no "contamine" el resto de nuestra vida, de que no invada nuestras relaciones personales, familiares, amorosas, es tal vez una de las cosas más difíciles de lograr.
En el camino he perdido algunos amigos y pasé por el naufragio de un matrimonio bastante accidentado.
Un ex profesor mío, con quien de tanto en tanto superviso, me propuso llevar un diario con mis vivencias, y de esa forma poder liberar un poco toda la información, toda la carga que uno lleva a cuestas.
El anonimato de este medio me resultó interesante.
Espero que este canal me permita realizar esa tan necesaria catarsis que mi vida pide a gritos.
