Lidiar todos los días con los problemas, los traumas, los miedos, prejuicios, dificultades, deseos, traiciones y -por qué no decirlo- idioteces de otros puede ser realmente muy estresante.
Ya lo es cuando uno sólo pone el oído o la buena voluntad para dar un consejo al otro, pero cuando uno debe, además, poner en práctica años de estudio, de lectura, de análisis la cuestión tiende a complicarse.
No es que sea imposible, ni mucho menos, pero representa un verdadero desafío lograr compartimentar esa parte de uno.
Porque no es posible brindar la atención y ayuda mínimas a un paciente, si uno no sabe de su vida. Uno no puede recurrir a su libreta de anotaciones antes de la sesión para refrescarse la mente.
Uno tiene que convivir -en cierta manera- con todos lo pacientes. Siempre los tiene presentes. A ellos y a sus problemas.
Lograr meter toda esa información, manteniéndola activa, asequible, pero a la vez restringida a un sector de uno, a fin de que no "contamine" el resto de nuestra vida, de que no invada nuestras relaciones personales, familiares, amorosas, es tal vez una de las cosas más difíciles de lograr.
En el camino he perdido algunos amigos y pasé por el naufragio de un matrimonio bastante accidentado.
Un ex profesor mío, con quien de tanto en tanto superviso, me propuso llevar un diario con mis vivencias, y de esa forma poder liberar un poco toda la información, toda la carga que uno lleva a cuestas.
El anonimato de este medio me resultó interesante.
Espero que este canal me permita realizar esa tan necesaria catarsis que mi vida pide a gritos.
